martes, 14 de septiembre de 2010

La disciplina y el esfuerzo de los niños en los estudios


María Concepción Luengo de Pino es docente y orientadora-psicopedagoga en diferentes centros públicos de Madrid. Es también colaboradora eventual de GuiaInfantil.com.
En esta ocasión ella habla de la disciplina, del esfuerzo y de la constancia y, sobre todo, de la dificultad que tienen muchos niños para cumplir con sus deberes escolares. Según ella, los niños deben aprender a estudiar desde muy pequeños, y además desde casa.


- Empezamos nuevo curso, y un nuevo desafío se nos pone delante: el estudio de los niños, para el cual nos creemos sentir suficientemente preparados. En tu opinión, ¿Qué hace falta, a los niños y a los padres, para mantener esta confianza y este ritmo durante todo el curso?
Primero hay que pensar que esto es una carrera de fondo, es decir, los resultados se verán con el tiempo. Y esto es una suerte, porque tenemos mucho tiempo para prepararnos, con paciencia y voluntad. Pero debemos estar mentalizados como padres, que lo que queremos es lo mejor para nuestros hijos (a pesar del cansancio, del trabajo que todavía queda por hacer en la casa, de los deberes por repasar con los hijos.) y por eso debemos poner todas las ilusiones y energías en nuestro acompañamiento en sus estudios.
- Casi todos tenemos claro cómo tienen que estudiar nuestros hijos. Lo que ocurre es que no siempre eso funciona en la práctica. ¿Por qué crees que eso ocurre?
Quizás hay algo de dejadez por parte de los padres a la hora de implicarse en los estudios de sus hijos. Con pagar un colegio, darles de comer y vestir no es suficiente. Necesitan de los valores, cariño, trabajo y ejemplo de los padres, para ponerse a funcionar en la vida. Partiendo de este punto, hay que ponerse con ellos a trabajar.


- Dónde terminan las responsabilidades del colegio en cuanto a los niños, y donde empiezan las de la familia. ¿O vice-versa?
La labor del colegio es la instrucción y la de los padres hacer el seguimiento desde el principio y dejándonos asesorar por los profesores de cómo trabajar en casa con ellos, según su carácter, edad, personalidad... Son profesionales que están con nuestros hijos muchas horas, los conocen y saben como solventar las dificultades que se presentan. Debemos saber a diario que deberes les han puesto, si los ha hecho, si les ha pasado algo en el colegio, lo bueno del día, y no podemos permitirnos ir a la cama sin haber cumplido con las tareas realizadas. Para trabajar existe un tiempo y para dialogar hay que buscar un momento familiar (por ejemplo la cena).


- ¿Existe alguna formula mágica para hacer con que nuestros hijos, según la edad que tengan, cumplan con sus deberes escolares?
No existen fórmulas mágicas, solo esfuerzo y constancia. Es necesario ponerse todos los días, aunque sea solo diez minutos al principio, cuando son pequeños, leyendo juntos un cuento, haciendo un crucigrama, un dibujo... creando el hábito, desde el principio, y ponerse a trabajar después de merendar. Cuando han terminado su tarea de todos los días, podrán jugar, ver la televisión... no antes. Es frustrante comprobar cuando se pregunta en la escuela sobre la televisión, cómo se conocen todos los programas de la tarde y de la noche, porque los han estado viendo (da igual la edad), pero los deberes vienen sin hacer, o compruebas que no leen, que están todo el santo día en la calle, sin mayor provecho.


- ¿En qué fallamos los padres cuando no se consigue aplicar disciplina a los niños?
El matrimonio debe tener claro lo que quiere conseguir y cómo quiere formar a sus hijos y aplicarlo todos los días. Si hemos quedado con el niño (siempre debemos pactar previamente unas normas con ellos) que todos los días se va a trabajar un tiempo después de la merienda, no podemos ir cediendo a cualquier excusa para incumplir dicha norma. Debemos ser constantes. Al principio, cuesta pero enseguida irán adquiriendo ellos solos las costumbres.

- Los problemas de aprendizaje han aumentado en los últimos años. ¿Se puede prevenir?
Sí, con el seguimiento diario y sabiendo que cada edad es idónea para trabajar un aspecto distinto en la formación de la persona. Cuanto más lo dilatemos en el tiempo, más les costará adquirir determinadas . Por ejemplo, leer (entre los 3 y los 8 años), escribir (de 4 a 9 años), el orden (de 1 a 5 años), obediencia (de 4 a 10 años), afán de superación y compañerismo (de 7 a 12 años), deportes (de 6 a 12 años), etc. Todo tiene su momento.
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¿Cuándo podemos afirmar que un niño tiene problemas de aprendizaje? ¿Cómo los padres pueden intervenir cuando observan que su hijo está teniendo dificultades para estudiar?
Muchos padres se angustian cuando oyen o ven que el del vecino ya anda y el suyo no. Cuando una madre dice que su hijo lo hace todo de sobresaliente y el suyo no es perfecto. Debemos hacer caso del especialista. El pediatra nos dirá si no pasa nada porque todavía no ande y el maestro si nuestro hijo va bien en la escuela o qué aspectos hay que reforzar en casa. Por ello, es muy importante el contacto mensual o incluso semanal, si es necesario, con el maestro, que nos ayudará muy gustosamente. Es muy triste comprobar lo implicados que están los padres en infantil y como esto se reduce en Primaria y desaparece en Secundaria.