viernes, 26 de febrero de 2010

Hablamos con Mónica Torrens, antigua componente del Grupo Nins y miembro del Comité Asesor de la Fundación Nins



Mónica Torrens es una de las figuras más recordadas dentro de las diferentes formaciones que ha tenido el Grupo Nins.

Actualmente es Educadora, Maestra con más de 20 años de experiencia como tutora de primaria y profesora de música. Madre de 3 hijos y con 42 años bien llevados. Le gusta la familia, ser maestra, la música y todo lo que esté relacionado con la educación.
Es miembro del comité asesor de la Fundación Nins y colabora con la Fundació per la Pau y la Fundació Futur.


(Mónica en su etapa Nin, en 2º plano, Fina Montuenga) (en la foto de la derecha, Mónica en la actualidad)


-¿Cómo llegaste a ser miembro del Grupo Nins?
Yo estudiaba solfeo y piano en el estudio de Marta Minguella. Aquí es donde ensayaban los NINS. Cada vez que iba allá me quedaba horas y horas observando sus fotos y, en alguna ocasión, había coincidido con alguno de ellos. Total que un buen día, después de una clase de solfeo, me llamó Marta y me comentó que si me gustaría ser de los NINS. Al cabo de unos días me hizo una prueba, habló con mis padres y… así es como empezó mi aventura musical. Era el año 79.

-De Marta Minguella, fundadora del grupo, ¿qué aprendiste de ella, tanto a nivel musical como humano?
¡Para contestar esta pregunta necesitaría hojas y hojas! Intentaré resumirlo en pocas palabras. Marta siempre ha sido para nosotros una segunda madre que ha sabido enseñarnos que, a pesar de ser niños que tuvimos la suerte de ser diferentes a los demás, lo primero era ser persona.
Lo daba todo por nosotros, y aunque un día se encontrara mal o no tuviese un buen día, siempre estaba con una sonrisa en la boca… ¡Y mira que a veces le hacíamos enfadar…! ¿Eh? A nivel musical nos enseñó a cantar, a bailar, a vocalizar, a tocar instrumentos…, vaya, ¡a querer la música! Con su manera de enseñar, todo era más fácil. Todo era como un juego…

-¿Qué suponía para tí formar parte de los Nins? ¿Cómo era un día normal en el estudio de grabación?
De entrada, era como un privilegio, poder viajar, conocer gente… Nosotros, en aquel momento, no nos dábamos cuenta de lo que realmente suponía formar parte de los NINS. Es ahora que, con los años, te das cuenta de que fue algo “especial”, una aventura que no todos los niños tuvieron la suerte de pasar. Después de tantos años, aún quedan los recuerdos, las vivencias, la amistad con alguno de los integrantes del grupo…
Y respecto a cómo era un día de grabación, pues te diré que nos lo pasábamos muy bien. Ensayábamos en el estudio de Marta y el fin de semana grabábamos. Ya lo teníamos súper aprendido, por tanto no se hacía demasiado pesado, a pesar de que teníamos que repetir alguna cosa. Recuerdo el día que grabamos la canción de “Sancho Quijote”, en la que precisamente yo hacía los solos. Hubo un momento que no podíamos cantar. Nos cogió un ataque de risa… ¡No te lo puedes imaginar! Hasta los técnicos de grabación se reían. Al final pudimos… ¡pero costó!

-En los festivales infantiles donde concursabais, ¿existía rivalidad con otros grupos como Parchís o Regaliz o era todo lo contario?
De hecho, nunca concursamos en festivales infantiles con Parchís o Regaliz. Coincidimos en diversas ocasiones. Hicimos muchas galas juntos. Cada uno tenía su estilo y su forma de cantar y actuar. Éramos muy amigos, y de hecho aún mantengo amistad con alguno de ellos, como por ejemplo con Tino de Parchís. De vez en cuando nos llamamos y quedamos para charlar. Por tanto, “rivalidad” no había. La gente tendía a compararnos, eso era normal… pero nosotros, creo, no éramos demasiado conscientes. En aquel momento lo que más nos interesaba era jugar, aprender y pasarlo bien. ¡Tendrías que vernos a todos antes y después de una actuación…! A veces íbamos al parque de atracciones, al zoo, al cine…

-Cuéntanos alguna anécdota que recuerdes con cariño en el estudio de grabación o en alguna actuación en TV.
Esta anécdota que explicaré, cada vez que la recordamos nos reímos mucho… Resulta que una vez fuimos a Prado de Rey, a televisión española, a grabar un programa… Total que cuando acabamos nuestra grabación, nos comentaron que en el estudio de al lado estaban grabando una secuencia de la serie “Barrio Sésamo”. Le preguntamos a Marta que si podíamos entrar… Después de insistir mucho nos dijo que sí siempre y cuando estuviésemos “quietecitos”. Entramos sin hacer ruido y en aquel momento estaban grabando con una doble cámara una escena de un barco que pescaba unos peces y con otra cámara (de luces de croma) un paisaje marítimo que hacía de fondo… Cada dos por tres tenían que parar porque no había manera de que el muñeco pescara el pez.
De repente, estaban todos mirando la tele para ver cómo había quedado la última secuencia, que parecía ser que por fin lo habían conseguido…., cuando de repente aparece de fondo una cara enorme que… ¡era la mía! Había metido mi cara en la cámara que estaba enfocando el paisaje. Imagínate cómo se puso el realizador… ¡Salimos “escopeteados” del estudio…!

-Como miembro del Comité Asesor de la Fundación Nins, ¿qué puntos crees que debe trabajar más la Fundación, para crecer y ser una entidad de referencia en la música infantil?
Quizás hablaría más de los NINS. Hay mucha gente que le encanta saber cosas de lo que fue aquella época.
Otra cosa sería “colgar” más canciones infantiles, no sólo de los NINS, sino de otros grupos infantiles. Hoy en día no hay canciones de este género y sería una buena idea que quien tenga interés pueda conseguirlas.
Por otra parte, poder tener especialistas y profesionales que asesoren a las personas que lo necesiten sobre temas de actualidad relacionados con los niños.

-¿Qué diferencias crees que existen entre los niños de ahora y los de hace, por ejemplo, 30 años?
Hace 30 años teníamos menos cosas para distraernos, o mejor dicho, nos distraíamos con poca cosa… Utilizábamos más la creatividad… Como dice la canción de “Vivan los niños”: “El hombre tiene que crear y también jugar… Dejar que la imaginación se ponga a volar…” Ahora todo es diferente, los niños son niños menos tiempo, enseguida crecen. Todo es más cómodo. No se esfuerzan para conseguir lo que quieren porque se lo encuentran todo hecho…Estamos rodeados de tecnología. Sólo con apretar una tecla conseguimos un montón de cosas. No han de "inventar" nada porque todo está inventado.

-La falta de autoridad del profesor en el aula, ¿es algo de ahora o de toda vida? ¿A qué es debido?
Antes la autoridad era una característica de las escuelas y de la familia, ahora se entiende que la autoridad también “se ha de ganar” porque hay más igualdad entre adultos y niños. Esto en sí no es ni bueno ni malo, la autoridad no se puede delegar pero se ha de ganar. Quién tiene autoridad ha de ser un ejemplo y un referente constante y ha de poner límites, es imposible ejercer autoridad y a la vez ser cómodo, sobreproteger, no decir nunca que no, no pedir esfuerzo, no corregir constantemente actuaciones, actitudes y vocabulario …
Con todo, no creo que se pueda generalizar que no hay autoridad en las aulas. Muchos profesionales de la educación tienen y ejercen autoridad porque son buenos educadores. Una vez más, se conoce más a las cosas negativas que a lo que se hace bien porque los éxitos son intangibles y los fracasos son demasiado comentados y denunciados. ¡No estamos tan mal!

-Los padres de hoy, ¿también han cambiado? ¿Qué ha cambiado en la manera de educar?
Hay una sobreprotección excesiva de los niños. A mi entender se debe a la “mala conciencia” que se tiene por no estar ni el tiempo ni la calidad suficiente con ellos. De hecho es un flaco favor que les hacemos porque maduran más tarde y, además, lo pueden hacer mal. Creo que hemos de ser exigentes y, como he dicho antes, no hemos de delegar la autoridad de padre o madre a nadie (abuelos, canguros …). Se ha de buscar pasar tiempo con los hijos y actuar correctamente porque ellos esperan de nosotros que seamos un ejemplo y un referente, mucho más de lo puede parecer.

-Como madre de familia, nos gustaría que nos comentaras algún consejo a los padres de hoy sobre cómo tratar a sus hijos.
De entrada tratarlos como nos gustaría que nos tratasen a nosotros (exigencia, cortesía, educación, pidiendo, poniéndoles tareas concretas …) y según qué edad tengan, es decir, cada edad requiere un trato distinto. Yo lo tengo muy claro, los adultos que recuerdo, y a los que me gustaría parecerme, son los que me han querido mucho y precisamente por esto también me han exigido mucho.

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