miércoles, 9 de abril de 2008

MORALEJA SIN COMPLEJOS

Si Andersen levantar la cabeza, no acabaría de creer la deriva de sus cuentos. Ahora el soldadito y la princesa han dejado el cortejo para ocuparse del equilibrio de género. Los niños lectores ya no disfrutan de unas perdices felices, ahora los cuentos se acaban con inquietantes finales abiertos. El niño no sabe a qué atenerse porque el final lo escribe él.

Nos dan miedo las moralejas… no vayamos a condicionar sus vidas. Y a mí me ha ido bien saber que en el bosque los lobos pueden asaltarte con las más suculentas pretensiones y saber que si voy de sirenita es posible que algún tiburón entre en escena sin miramientos. Los tres cerditos no pueden maltratarse por un temor reverencial al mundo animal y Hansel y Gretel deben considerar la conveniencia del equilibrio calórico ante un empacho de chocolate.

No nos compliquemos. Los niños tienen mentes simples y, por ello, gigantes. Al pan pan y al vino vino. Que llamando a las cosas por su nombre les ayudamos a crecer y a elegir.

En el día mundial del libro infantil propongo recuperar la moraleja sin complejos.



Ángeles Montuenga, Presidenta de la Fundación Nins